PAMPLONA – Feria del Toro

 

PADILLA, EL FANDI Y ESCRIBANO

No consiguen destacar en una mala corrida


El coso pamplonés vivió la cuarta corrida de Sanfermines con unos fuenteymbros descafeniados y con poco ritmo

 

escribano-paplona

Manuel Escribano en Pamplona - Foto.- EFE

 

 


Pablo García-Mancha – Pamplona – 10-07-17


Plaza de toros de Pamplona

Feria de San Fermín

Tarde fresquita

Entrada lleno


Seis toros de Fuente Ymbro (el 1º sobrero al romperse el pitón el astado titular). Enormes como catedrales, con varios cinqueños, muy armados, pero mansos, descastados y sin poder. Se libró el tercero, que tuvo un buen pitón izquierdo aunque las fuerzas muy justas.


Juan José Padilla: silencio y silencio

David Fandila “El Fandi”: silencio y saludos tras aviso.

Manuel Escribano: saludos tras aviso y silencio.


El crujido del pitón izquierdo de “Soplón” cuando se estrelló en el burladero sonó tan estremecedor como seco y ronco. El golpe fue tan duro que parecía que se habían quejado hasta los cimientos de la plaza. El toro cayó fulminado, con el cuerno izquierdo partido por la cepa colgando como el badajo de un cencerro y su imponente corpachón colorado hecho un ovillo. Quedó tendido el fuenteymbro y a duras penas logró incorporarse. De su señorial y escalofriante estampa no había quedado ni rastro. Del todo al vacío en un suspiro. De la belleza supina a lo estrafalario sin que nadie hubiera hecho nada y sin remedio posible; un poco como la vida misma la desventura de “Soplón”, el malogrado primero de la tarde, que había levantado la admiración por su belleza en los corrales del Gas y que nada más salir a la plaza se esfumó. Visto y no visto.


Algo parecido le sucedió a Manuel Escribano en el noble tercero, el único pupilo de Ricardo Gallardo que se salvó de la quema. El diestro de Gerena tuvo el triunfo en la mano y se le escapó la oreja por su funesta espada tras una faena de entrega, máxima variedad desde que se puso a porta gayola y una serie al natural en la que jugó con los vuelos con dulzura. Hizo de todo, pases cambiados, molinetes, circulares... Escribano, que viene de un agujero negro físico como consecuencia de una durísima cornada el año pasado en Alicante, no quiso renunciar en Pamplona a su personalidad y a su arsenal de recursos. Desde el recibo en solitario del toro en chiqueros al arriesgado par por los adentros esperando al astado en tablas. Son sus armas y las puso de relieve. Ni un pero. Igual sucedió en el sexto, un toro impropio por sus hechuras de una plaza de la categoría de Pamplona, porque una cosa es el trapío y otra bien distinta el tamaño. El toraco fue además infumable; exactamente lo contrario a lo que se supone que es la bravura y con ese material es imposible el más mínimo lucimiento. Sin embargo, Escribano no se amilanó, se fue de nuevo a porta gayola y se libró con habilidad lanzando el capote a un lado como señuelo de una embestida que salió de chiqueros como un misil. Así que, para resarcirse del envite, le dio tres largas de rodillas junto a las tablas. Cuidó al morlaco en el caballo, clavó con rectitud en banderillas y se fajó con el rudo Flamante a sabiendas de que era un reto inalcanzable.


El Fandi no tuvo opciones en el segundo de la corrida pero mostró todo su repertorio con el cornipaso quinto. Le sopló cuatro largas de recibo, galleó por chicuelinas para llevar al toro al caballo y hasta ensayó un quite por zapopinas del que salió prendido sin consecuencias del fajín. Se vino arriba el torero de Granada y se lució en banderillas, donde alcanzó la cima de su actuación. En la muleta tiró de repertorio: rodillazos, derechazos, molinetes y toda suerte de lances de abaniqueo. El descabello puede que se llevara una oreja, pero es mejor no pensar en esa posibilidad.


A Juan José Padilla no se le dio bien la tarde en el sorteo. Nadie sabe cómo hubiera sido “Soplón”, pero el sobrero fue una calamidad. El pitón izquierdo era imposible y por la derecha apenas tenía recorrido. El cuarto fue peor todavía. De hecho, fue tan malo que el jerezano ni puso banderillas. Se mostró algo más afanoso con la muleta, pero el animal tenía tan poca gracia que la faena se desdibujó en el primer derechazo.

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