PAMPLONA – Feria del Toro

 


CORNADA A ROCA REY

En la ingle al entrar a matar al último toro


Se ha quebrado la espada y ha sido corneado * Cayetano a hombros * Perera silenciado * Buen encierro

 

cayetano-pamplona

Cayetano a hombros en Pamplona

 

 


Pablo García-Mancha – Pamplona – 11-07-17


Plaza de toro de Pamplona

Feria de San Fermín

Tarde muy apacible

Entrada lleno


Toros de Jandilla (el primero del hierro de Vegahermosa, que fue complicado). Embistieron los cinco, aunque el cuarto y el quinto fueron excelentes para el torero. Apenas fueron picados.


Miguel Ángel Perera: silencio y silencio tras aviso.

Cayetano: oreja y oreja tras aviso (salió por la puerta grande).

Roca Rey: oreja tras aviso y oreja. (No pudo salir a hombros porque resultó herido al entrar a matar).


Incidencias.- Al cierre de esta edición, el torero Andrés Roca Rey, corneado en el muslo izquierdo al entrar a matar al sexto de la tarde, seguía siendo intervenido en la enfermería de la plaza.


Roca Rey iba embalado a por la tercera puerta grande consecutiva en Pamplona; la logró, pero no la pudo disfrutar porque fue corneado al entrar a matar al excelente jabonero que cerró la gran corrida de Jandilla, la más completa hasta el momento de la feria. El joven limeño se tiró al volapié con esa soberana lentitud con la que ejecuta la suerte suprema y el pitón del toro lo tuvo a placer para taladrar su muslo izquierdo. Hizo lo posible para quedarse en el ruedo, pero imperó el sentido común y se lo llevaron a toda prisa a la enfermería; la cornada en la pierna izquierda era más que evidente y parecía una temeridad quedarse en el ruedo. Perera, como director de lidia, despenó al toro y el público pidió la oreja con fuerza.

Sin embargo, la faena no fue tan redonda como se esperaba. Abrió por estatuarios con extrema facilidad, pero no logró acoplarse de todo en redondo en dos series de trazo corto y discontinuo. Se echó la muleta a la izquierda y tampoco se sintió a gusto con la embestida. Así que se llevó al toro a los terrenos de tablas para endilgar dos series de circulares y calentar el ambiente.


Dio la sensación de que Roca había levantado el pie del acelerador, sobre todo después de la faena al tercero, en la que demostró que está hecho de basalto volcánico, que es un torero que encuentra su naturalidad más genuina en el precipicio. Camina como si nada en el campo de minas en el que convirtió la lidia porque es capaz de pisar los terrenos más inverosímiles y se deja llegar los pitones mucho más cerca que nadie en el escalafón. Comenzó de rodillas con muletazos por alto y al tercero, ya en redondo, fue radiografiado por un derrote que le rozó la taleguilla a toda velocidad sin el más mínimo aspaviento o paso atrás. El peruano no recula por nada y toda la faena la dibujó en un palmo de terreno. Hubiera cortado dos orejas, pero el pinchazo previo a la estocada le privó de la segunda y de un nuevo bombazo en Pamplona.


Cayetano tuvo mucha suerte en su presentación en Pamplona ya que le cupo en suerte un lote excelente. Estuvo muy a gusto con el segundo de la tarde, un toro noble y fácil para el torero con el que mostró esa naturalidad que persigue. Comenzó de rodillas y en las dos primeras series en redondo toreó con despaciosidad, clasicismo e inteligencia para limar las querencias de un animal que se salía suelto de los muletazos. Lo intentó al natural y terminó por circulares antes de una estocada en los medios. El quinto no le anduvo a la zaga, con un punto más de bravura que el anterior, le puso el triunfo en bandeja a Cayetano, que cortó una oreja de poco relieve en consonancia con los matices efímeros de su discretísima faena. Toro de lío gordo, encastado y repetidor que se iba hasta el final por ambos pitones, especialmente por el izquierdo. Cayetano lo toreó con naturalidad, ligó las series, pero faltó ajuste y dominio, faltó toreo.


Abrió la corrida un astado de Vegahermosa, con más peso y kilos que trapío a pesar de los dos alfileres que coronaban su testa. No dijo nada en ningún capítulo de su lidia. Manejable y soso, necesitó una faena con la maestría de Miguel Ángel Perera para borrar de un plumazo dos de sus muchos defectos: su falta de ritmo a la hora de embestir, la manía de puntear y echar la cara arriba en el último tramo del muletazo. Perera salvó ambas circunstancias, pero la faena no tomó vuelo porque el toro fue vaciándose poco a poco. El cuarto fue un toro para soñar el toreo, lamentablemente Perera le exigió tanto en las series en redondo que acabó con él antes de escuchar un olé del público.

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