MANIZALES - Colombia

 

 

FESTIVAL DE EMOCIONES


Ponce escribió nuevas líneas en su enciclopedia de tauromaquia que se robustece cada vez que coge capote y muleta

 

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Festival nocturno de Manizales

 

 


Por.- Daniel Sebastián Ríos Marín – Manizales – 12-01-18


Lee uno que el 11 de enero en una plaza colombiana y en un mismo festejo se anuncian Ponce, El Juli, Castella, Roca Rey, que también harán el paseíllo Manrique y Bolívar y uno se emociona. Y se emociona más cuando descubre que la plaza es la de Manizales, que se correrán novillos-toros de Ernesto Gutiérrez, que se trata de un festival a beneficio del único Hospital Infantil que existe en el eje cafetero y la emoción es mayor.


Desde siempre, la empresa que organiza la temporada taurina ha sostenido que, aunque el festival taurino es un festejo menor según la clasificación que hace el Reglamento Nacional Taurino, es, en verdad, el más importante del ciclo ferial. Y por eso, todo lo que ocurre en ese día entorno a esa cita taurina es emoción pura por razones que son varias y muchas.


Por costumbre, en la mañana del día del festival los toreros acuden al Hospital Infantil para constatar de forma directa que los recursos que se recaudan año tras año –aunque pocos si se compara con las necesidades propias de un hospital en el marco de un afectado sistema de salud como el colombiano– se invierten correctamente en equipos que permiten atender más niños enfermos y en mejores condiciones. Esa connotación social emociona por sí sola, pero hay otras emociones que parten el alma.


Los hombres recios y valientes que tarde tras tarde se juegan la vida ante imponentes toros capaces de matar en cualquier instante, sucumben ante la sonrisa tierna de un niño enfermo que agradece su visita, que les cuenta que padece un cáncer que amenaza con arrebatarle la vida y aquellos hombres capaces de mirar a los ojos a sus propias muertes en los pitones de los toros, no pueden soportar ni entender que un niño tenga que enfrentarla de verdad todos los días y a cada instante, pendiendo de exámenes y medicinas. Y por supuesto, los artistas despojados de su armadura de luces, se vuelven hombres comunes para llorar al salir de cada habitación por donde pasan.


Pero también hay emociones dulces, alegres y festivas. Así, por ejemplo, a la hora anunciada para que se celebrara el festival programado como quinto festejo de la temporada 2018, se apagaron las luces de la plaza y a la luz de las velas se pidió a la virgen de la Macarena por la salud de los niños enfermos de los que hablamos y al amparo del Ave María de Schubert, interpretada por un tenor, se invocó protección para los toreros de plata y oro que actúan en la ciudad. Más emociones.


Cuando salieron los toros, el mismo tenor, desde un balcón de la plaza y para resaltar la importancia de lo que ocurría en el ruedo entonó Granada de Agustín Lara, La Canción del Toreador de la ópera Carmen de Bizet, El Gato Montés y Feria de Manizales (como reconocimiento a las faenas excepcionales).


Y es que en el ruedo todos los que se anunciaron emocionaron con sus tauromaquias distintas. Manrique, que se fue herido y no pudo matar a su toro, toreó bien a la verónica. Ponce escribió nuevas líneas en su enciclopedia de tauromaquia que se robustece cada vez que coge capote y muleta; una oreja que hubieran sido dos de no fallar con la espada. Juli, a ciencia y paciencia, metió en la muleta al torito que hizo de tercero; fue tal su poderío que el animal no encontró más opción que obedecer a los cites de Julián que también perdió las orejas con la espada. Castella, puro y lidiador, paró, templó y mandó; toreo de raza y mando y gusto; estocada en buen sitio, pero como el enrazado toro resistió su encuentro con la muerte, dos avisos cambiaron las orejas por vuelta aplaudida. Bolívar ligó y ligó pases por la derecha y por la izquierda; toreo largo y hondo y el novillo que solo quería ser toreado; lo toreó tanto que lo indultaron y a Luis le dieron dos orejas. Roca Rey, que es siempre gallo de pelea, domeñó a un mansito sexto bis que reemplazó al genuino inutilizado; como fue recurrente en la noche, no acertó con el estoque y los aplausos de los aficionados reconocieron su labor.


Las orejas que pudieron cortarse se hicieron emociones indelebles de solidaridad, fe y rito y toreo caro. Es que, sin duda, los toros son emoción pura.

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